
Sólo fueron 15 minutos, pero a Kaká y a todo el madridismo les supieron a gloria. 240 días después, el brasileño volvió a jugar con la camiseta del Real Madrid. El ansiado momento llegó en el minuto 75 de la segunda parte del partido que enfrentó al equipo de Concha Espina contra el Getafe, cuando el conjunto blanco parecía que había cerrado el partido con el el tercer gol, obra de CR7. Al final, con el tanto de Albín que puso el 2-3 en el electrónico, tuvo un final de partido más sufrido de lo esperado.
Bien es ciero que Kaká no tuvo tiempo para lucirse, pero sí para demostrar que su clase sigue intacta. Su primer balón lo recibió de Özil y lo jugó con su claridad de siempre para su socio Cristiano. Fue un toque de futbolista grande, de los que dejan huella en un campo de fútbol.
El 8 del Madrid salió enchufadísimo. Sabía que sólo tenía 15 minutos y que el partido estaba más que acabado, pero se los tomó como si fueran los de la final de la Champions. Sin duda, para él fue uno de los momentos más especiales de su carrera. Todavía no está para grandes esfuerzos, pero durante el tiempo que estuvo en el césped volvió a poner de manifiesto que es un jugador de poderosa zancada y gran conducción de balón. Dispuso también de una buena ocasión que no acabó en gol por muy poco.
Los últimos cuatro meses han sido un auténtico calvario para Kaká y por eso el brasileño disfrutó de cada segundo. Primero en el hotel de concentración y luego en el Coliseum. Bienvenido de nuevo Ricardo.

